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Política

La seguridad democrática entre comillas

¿De qué se trata? ¿Para qué ha servido? ¿Tiene sentido seguir con ella? Ahora que está a punto de cumplir ocho años, vale la pena examinar con lupa esta política de Estado.

© Imagezoo. Corbis

Todos los Estados, al margen de que sean de derecha, de izquierda o de centro, tienen una política de seguridad. Proporcionarle seguridad a la ciudadanía, en otras palabras, es una de las funciones básicas de todos ellos, y así lo ha sido desde los comienzos de la civilización occidental. Según Thomas Hobbes, quien en 1651 se atrevió a compararlos con el Leviatán, el monstruo marino del Antiguo Testamento, el origen de todos los Estados que se han establecido a lo largo de la historia se remonta a un pacto entre individuos que renuncian a ejercer sus derechos naturales a cambio de protección. La cantidad y calidad de esta protección dependen, por supuesto, de la manera como los gobernantes de cada Estado entiendan lo que significa proteger a quienes lo componen, y es por eso que el concepto de seguridad se presta para una amplia gama de interpretaciones. Hay seguridades, mejor dicho, para casi todos los gustos.

A la seguridad democrática del presidente Álvaro Uribe, por ejemplo, no le faltan sus bemoles. Desde el punto de vista del lenguaje se caracteriza por haber sido formulada en unos términos que desde la época de la Revolución Francesa resultan tautológicos, ya que en el mundo moderno sería inconcebible una seguridad que no fuera, al menos en teoría, democrática. En el discurso que pronunció al asumir la Presidencia de Estados Unidos el pasado 20 de enero, Barack Obama expresó la misma idea cuando dijo que “rechazamos como falsa la escogencia entre nuestra seguridad y nuestros ideales”, lo que equivale a señalar que la lucha contra el terrorismo no se puede adelantar en detrimento de los valores y principios que distinguen, o deberían distinguir, a la sociedad contemporánea. La política de seguridad democrática del presidente Álvaro Uribe, por lo tanto, nos obliga a preguntar si responde a “nuestros ideales” y, desde luego, si ha servido para promoverlos.
No son pocos los comentaristas que afirman que sin duda alguna dicha política ha sido un éxito: debilitó considerablemente a las Farc, hasta el punto de haberlas condenado a replegarse a las selváticas regiones fronterizas que se extienden entre Colombia y Panamá, Ecuador, Brasil y Venezuela; ...

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Es editor de El Áncora Editores.

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