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Cambio y fuera

  

© Colin Anderson • Corbis

 

Cambio y fuera
Hace años, en el curso de un almuerzo, Tomás Eloy Martínez le dijo a un miembro de El Malpensante que un rasgo indeleble de los verdaderos periodistas es que alguna vez los hubieran despedido. El autor de Santa Evita no se refería, por supuesto, a los casos en que alguien es expulsado de una redacción por su incompetencia o su desidia. Lo que intentaba decir es que a veces la independencia crítica, el sentido ético y la vocación de informar lealmente al público resultan incompatibles con las ideas autoritarias de algunos medios, cuya único norte parece ser la adulación del gobierno de turno y el mantenimiento del statu quo. En esas circunstancias, decía Tomás Eloy, el despido, más que una ignominia, es un orgullo: literalmente, una medalla.

Hemos recordado el apunte después de leer la penosa autoentrevista que Luis Fernando Santos, presidente de la Casa Editorial El Tiempo, se hizo para explicar el despido de Rodrigo Pardo y María Elvira Samper de la dirección de la revista Cambio y la próxima reconversión de la misma en un mensuario “con temas de interés general como salud, deportes, viajes, medio ambiente, análisis”. Nadie objeta que los responsables de un grupo editorial sean libres de hacer con sus productos lo que se les antoje –desde reorientarlos hasta decretar su cierre–; por eso mismo, no pasa de berrinche insinuar que El Tiempo –léase el Grupo Planeta– carece del derecho a remover de sus cargos a quienes considere que no están cumpliendo con la misión encargada. Sin embargo, ya que se trata de medios de comunicación, y como existe una suerte de “copropiedad simbólica” con el público, las decisiones polémicas necesitan legitimarse a través de buenas razones. Y en este caso los motivos para despedir a Pardo y Samper y para transformar a Cambio en una revista de variedades parecen no solo falsos sino completamente espurios.
Falsos: a través de frases sibilinas y con un aire de alta tecnocracia –“el modelo del producto no funcionó”– el señor Santos intentó convencer a lo...

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