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La corredora de cintas

El origen de una acertada metáfora para la vida puede hallarse incluso en el recuerdo borroso de un cuento de ciencia ficción.

© Mango Productions • corbis

 

Era el primer relato de una antología de Asimov, creo. No, nada de “creo”: era el primer relato de Asimov y sus amigos. En torno a Fundación. Grijalbo, año 89, ciencia ficción, portada con las letras así levantaditas y plateadas, como suele ocurrir cuando el tema es galáctico y la editorial no tiene muy buen gusto. (Y bueno, lo busqué en Google, como todo.) (Se me ocurre, perdón el desvío, que hoy las conversaciones, las sobremesas, las tertulias, las apuestas, duran menos que antes porque Google acabó con ese retórico “creo”, que daba tanto juego.) Esa narración, de Pamela Sargent, que fue casi mi debut y despedida con el género, se llamaba “La corredora de cintas” y la recuerdo vagamente, tan vagamente que ya ni idea tengo de si era buena o mala, qué personajes había, cómo partía y cómo terminaba. Leo y olvido. Residuos de ese cuento han estado en mi cabeza tantos años que ya están mezclados y bien mezclados con imágenes de otros libros, trazas de telefilmes vistos a medias, huellas de momentos pasados, traumas en miniatura y otros detritus mentales, de resultas que mi strip runner debe parecerse bastante poco a la criatura de plata y tinta de la señora Sargent.

Que era así, según mi recuerdo inventado: una joven, sola y muy valiente como todo personaje ingenuo-futurista, corre por su vida. Pero no corre por la calle, porque no hay calles. Y no corre porque sea deportista: en el futuro no hay deporte (eso me gusta del futuro). No corre para relajarse o por diversión. Corre porque no puede no hacerlo, porque es su única vía de escape, la salvación de algún tipo de cárcel. Algo físico, en todo caso: huir de un dolor profundo, de un dilema espeso y sincero, son cosas que no ocurren en los libros con tapas levantaditas y plateadas. O quizás olvidé el fondo del asunto y el relato era de la clase Persona Normal Redime al Universo con sus Poderes Especiales que No Sabía que Tenía. Un repartidor de pizzas que de pronto se encontrase venerado por la NASA, por ejemplo. Una niña con trenzas y la responsabilidad de salvarnos de la aniquilación total sobre sus hombros. La ciencia ficción es así: religión con aparatos raros, mitol...

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Andrea Palet

Dirige el Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Tiene una editorial que se llama Libros del Laurel

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