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Iceberg

Contra la mezquindad, y Formas de arruinar la excelencia

Ideas, apuntes, críticas, tendencias, habladurías

Gabriel García Márquez, fotografiado el 14 de marzo de 2011 en ciudad de México

 

Contra la mezquindad

Cualquiera que haya leído un periódico el pasado 6 de marzo habrá notado la inquietante inquina y la colosal mezquindad de los lectores con Gabriel García Márquez. Ese día, el mismo en que nuestro Nobel cumplía 85 años de vida, un número altísimo de lectores en El Tiempo, El Espectador, Semana o El País de Cali –para solo mencionar a cuatro de los principales medios nacionales– se dejó venir con ternuras como que “nadie entiende por qué le dieron el Nobel a García Márquez cuando en Colombia hay, por lo menos, diez escritores mejores que él” (y entre ellos, el autor de esa nota ponía en lugar especialísimo a ¡Álvaro Salom Becerra!). Junto a esas penetrantes disquisiciones críticas, no faltaron viejos reclamos en contra del autor de Cien años... como que había sido incapaz “de ponerle luz a Acaracata” o justificaciones tan pintorescas de la renuencia a cantarle el happy birthday como: “Y por qué vamos a celebrar el aniversario de ese escritor comunista, amigo de los Castro, y que además ni siquiera vive en Colombia”.

Si bien los foros del lector no brillan precisamente por su sindéresis, es posible que algunos de estos comentaristas se hayan sentido hastiados con el despliegue de untuosidad que vimos ese día y reaccionaran de mala manera. En efecto, fue bastante bochornoso ver a ciertos comunicadores declarar su “amor incondicional” por obras que seguramente no han leído o que gente que nosotros presumíamos con algunas luces se diera garra con un tema tan infértil como “el posible sucesor de Gabo en la literatura colombiana” –lo mismo intentaron hacer con el Pibe Valderrama en el pasado– o que en una entrevista radial con Carmen Balcells, un conductor se empecinara en preguntarle a la agente literaria “quién era mejor escritor, García Márquez o Vargas Llosa” (una pregunta absolutamente idiota, no solo porque carece de respuesta objetiva sino porque además evidencia que quien la formula no entiende que la literatura no es una gesta deportiva).

Aunque todo esto sea lamentable...

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