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Columna

El cuento y el desafío

"Vivir para contarla", el título de la autobiografía de Gabo, sirve al columnista para hilar algunas ideas sobre el país en el que vivimos.

Gabriel García Márquez fotografiado por Vasco Szinetar, 1983

 

Con motivo de la celebración de los 85 años de García Márquez, se hicieron frecuentes referencias a su autobiografía, Vivir para contarla. Se habló de muchas cosas, menos de lo que yo estaba interesado en saber de manera obsesiva: si a alguien más le parecía raro el título. ¿No les llama la atención? A mí me sorprende que una autobiografía comience con una cláusula, entre aliviada y desafiante, que significa: “todavía estoy aquí”. En efecto, gugleo y escojo referencias al azar, lo que me corrobora que la expresión denota superación de un riesgo extraordinario. Un periodista mexicano nos cuenta desde Tamaulipas que, después de sendos accidentes, los políticos locales “vivieron para contarla”. Y así sucesivamente. El propio Google ofrece la siguiente interpretación: “Si sobrevives a una experiencia peligrosa o atemorizante... se puede decir que has vivido para contarlo”.


A nosotros el título de la obra nos parece más bien rutinario, y me pregunto si esa naturalización de cierto sentimiento de riesgo no es una característica específicamente colombiana, uno de los elusivos rasgos de nuestra aún más elusiva identidad. Claro: no es algo “exclusivamente” nuestro. Desde Oxford hasta Kinshasa, la vida es (también) una “experiencia peligrosa y atemorizante”. “Vivimos en diario temor”. Algunos escritores, entre ellos Bierce, lo supieron mejor que nadie. Uno no puede leer a Kafka sino con el corazón en la mano. La literatura de varios géneros –policial, de horror– solo tiene sentido si es capaz de evocar un buen sobresalto. Cuando Graham Greene llamó a Patricia Highsmith la poetisa de la ansiedad no solo estaba produciendo un elogio fantástico, y plenamente justificado, sino que estaba apuntando a una experiencia profundamente humana. También los políticos, claro, supieron desde el principio que parte fundamental de su oficio consistía en lidiar con el temor y con el riesgo. Tal intuición no ha sido especialidad solo de los matones, aunque estos por supuesto se han esforzado por hacer bien la tarea precisamente en este terreno. Mussolini unió brutalidad y l...

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Francisco Gutiérrez Sanín

Columnista de El Malpensante y El Espectador. Es profesor en el Iepri de la Universidad Nacional de Colombia.

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