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Columna

De arquitectos, leguleyos y bondades curatoriales de la buena fe

La construcción no está exenta de la muy colombiana costumbre de hacer el quite a las normas. Un par de casos ilustran esas formas de proceder en la arquitectura.

© Image Source • corbis

 

A mediados de febrero terminé por casualidad en la Curaduría Nº 3. Pasaba por el Museo del Chicó para hablar de un proyecto conjunto con el Taller Urbano de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá (smob) a ver si dejamos de quejarnos tanto por las normas urbanísticas y, en cambio, proponemos algunas mejoras para las mismas. 


Al llegar, el plan cambió súbitamente. La personera había convocado una reunión con los representantes de Fedegán para discutir la situación del edificio que están construyendo y que se encuentra sellado por infringir varias normas. Y como yo había escrito en un par de ocasiones sobre este caso, terminé yendo en representación de Mejoras y Ornato.

Todo comenzó según lo previsto: nadie tiene la culpa de nada, todos hicieron lo que debían, y el lenguaje se mantiene dentro de los cánones de la cortesía y la prudencia. Cuando llegó el momento de las propuestas, los representantes de Fedegán, a falta de una, nos deslumbraron con dos. Como la Curaduría se equivocó –lo hizo y lo acepta– al aprobarles un sótano que sobresale 50 centímetros en lugar de los 25 que permite la norma para Teusaquillo, estos dos maestros de la argumentación alegaron que la equivocación de la Curaduría los “indujo” a construir un semisótano que excede lo aprobado y, en consecuencia, proponen hacer una fachada “adelantada” para que “no se note”. Es decir, tapar el error como modo de corregirlo. Y por si esta opción no les parecía a los presentes, tenían una alternativa todavía más lanzada: que se les aplicara una norma especial para construir dos pisos adicionales. Así, una reunión en la que se debería discutir la demolición de un edificio se convirtió en un memorial de agravios por parte de los infractores, quienes alegaban que si se equivocaron fue por culpa de la Curaduría.

Si me lo cuentan no lo creo, pero me tocó verlo, oírlo y padecerlo en directo.

Al salir de la Curaduría se me ocurrió pasar por otro edificio en el cual sabía que las normas estaban en cuestión: Los Cerezos, en la 78 con novena. Como si fuera poco lo que acababa de oír, al llegar al edificio me contaron que la Comisión de V...

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Juan Luis Rodríguez

Es profesor de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia.

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