Google+ El Malpensante

Columna

Paga el gordo

El revolcón puritano que golpeó a Hollywood en tiempos de la prohibición cobró muchas cabezas, la de Roscoe "Fatty" Arbuckle fue una de ellas.

 
 
Cartel de la película Out West, de 1918
 
 
La primera vez que Roscoe Arbuckle subió a un escenario descubrió que era el hogar de los que no tienen ninguno. También descubrió la cantidad de risas distintas que hay en el mundo: “No lo sabes hasta que las oyes todas a la vez. Y te pagan por ellas”. Su rol escénico consistía en recibir golpes o cantar un poco y luego recibir golpes. Nada nuevo en su vida, salvo la paga y los aplausos. Roscoe tenía nueve años cuando se fugó de su casa para no padecer más las palizas del padre, que lo acusaba de haberle roto la vagina a la madre en el parto. Los siete kilos que pesaba cuando nació la habían dejado tan dañada que no quiso saber más nada de sexo y el padre se desquitaba a palos con él mientras los otros cinco hermanos se reían salvajemente. Veinte años después, cuando probó por primera vez la heroína a la que se hizo adicto de por vida, dijo que fue porque, en brazos de ella, “el recuerdo de los puñetazos de mi padre se volvía almohadones”. El camino a la heroína se lo señaló sin querer un escritor borracho, cuando Roscoe recaló con su número vivo en el Portola Café, de San Francisco, en los tiempos en que los mineros pagaban sus tragos con bolsitas de oro. El escritor borracho, que se llamaba Jack London, le dijo: “Estás en el lugar equivocado, chico”, y le señaló la lavandería china que había enfrente, en cuyos fondos rodaba Mack Sennett sus primeras películas de la Keystone.

Página 1 de 2

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Juan Forn

Fundador de Radar, el suplemento cultural de Página 12. Su último libro se titula 'El hombre que fue viernes'.

Abril de 2014
Edición No.151

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Vampiros en Cartagena


Por Luis Ospina


Publicado en la edición

No. 101



¿Qué puede salir del encuentro entre tres cinéfilos reunidos para hablar de lo que más les gusta? Esta desempolvada entrevista puede ofrecer una respuesta. [...]

Científicos burócratas


Por David Graeber


Publicado en la edición

No. 151



Los centros de investigación en ciencia y tecnología han copiado en mala medida los vicios del mundo corporativo. El resultado es que el quehacer de la actividad científica transc [...]

Elogio del menosprecio


Por Christy Wampole


Publicado en la edición

No. 153



Comentarios exaltados, tuits furiosos, alaridos digitales. Vivimos en tiempos de indignación masiva. Sin embargo, aparte de amargarnos la vida, generalmente no cambiamos nada. ¿Existe al [...]

Columnas

La comba del palo

El control del comercio sexual

En uso de razón

¿Qué hay de nuevo en WikiLeaks?

Paseos citadinos

Paseo cartagenero por una Manga sin mangos

El arte del trapecio

Razones y tradiciones

No lo veo claro

Mary Roach y sus cadáveres fascinantes