Google+ El Malpensante

Blog

Llorar en el teatro (A propósito de Timbre 4)

Sandro Romero reflexiona acerca de Emilia, obra del grupo argentino Timbre 4, quien ha visitado de nuevo Bogotá en una corta temporada en el Teatro Nacional.

Escena de Emilia, escrita y dirigida por el argentino Claudio Tolcachir © Cortesía


Supongo que no son pocos los espectadores de teatro que le tienen aversión al melodrama. Creo que ya hay toda una generación de testigos de la escena que no soportan ver la realidad reproducida sobre el escenario, cuando la mesa es mesa, el florero es florero o la puerta es una puerta. El teatro debe ser “otra cosa” y si se pretende crear ilusiones de decorados o de actores, se mira el asunto con desconfianza, como si se estuviera claudicando ante los terrenos del naturalismo televisivo. “Teatro de visita”, lo llamaba Santiago García, el director del Teatro La Candelaria y con frecuencia se ha tomado como una declaración de principios el estribillo brechtiano, de “Los Horacios y los Curiacios”, en los que se reconoce que “muchos objetos debe haber en un objeto”. Pero, a veces, luego de tanta sangre de laboratorio, de expresión corporal inexpresiva o de demasiados objetos en un pobre objeto, los espectadores le damos gracias a la ortodoxia cuando vemos obras en las que hay unos señores que se llaman personajes, no hay cámara negra sino la ilusión de una pared, y los trasteos no son paisajes surrealistas sino eso, trasteos, muebles que se acumulan. Yo también tuve 20 años y también odié los melodramas y también me burlaba de mi padre cuando confesaba sus lágrimas en Lo que el viento se llevó. Pero los tiempos pasan y es inevitable que, de vez en cuando, salte la secretaria deprimida que tenemos escondida en el corazón y necesitemos emociones de cuarta pared, ante los horrores de la realidad. Si tenemos que trabajar en una oficina, conformar el comité de currículum de la universidad que nos acoge, si debemos negociar con socios invadidos por la hybris o, qué se yo, lavar los baños de nuestros seres superiores, uno prefiere refugiarse en las mentiras gaseosas del teatro, antes que en las impredecibles ambigüedades post dramáticas. Creo que la vergüenza ante las ilusiones del dolor representado la perdí gracias a Manuel Puig, el novelista (y guionista y, cómo no, dramaturgo), primero leyéndolo y luego conociéndolo en el Cali incendiado de finales de los setenta, cuando reconocía sin rubor que, en la vida, todas en este mundo ...

Página 1 de 1

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

Junio de 2014
Edición No.153

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Vampiros en Cartagena


Por Luis Ospina


Publicado en la edición

No. 101



¿Qué puede salir del encuentro entre tres cinéfilos reunidos para hablar de lo que más les gusta? Esta desempolvada entrevista puede ofrecer una respuesta. [...]

Científicos burócratas


Por David Graeber


Publicado en la edición

No. 151



Los centros de investigación en ciencia y tecnología han copiado en mala medida los vicios del mundo corporativo. El resultado es que el quehacer de la actividad científica transc [...]

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Elogio del menosprecio


Por Christy Wampole


Publicado en la edición

No. 153



Comentarios exaltados, tuits furiosos, alaridos digitales. Vivimos en tiempos de indignación masiva. Sin embargo, aparte de amargarnos la vida, generalmente no cambiamos nada. ¿Existe al [...]

Columnas

La comba del palo

El control del comercio sexual

En uso de razón

¿Qué hay de nuevo en WikiLeaks?

Paseos citadinos

Paseo cartagenero por una Manga sin mangos

El arte del trapecio

Razones y tradiciones

No lo veo claro

Mary Roach y sus cadáveres fascinantes