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Coda

La infancia en venta

La orden de captura contra 14 dirigentes de la Fifa por corrupción no impidió la reelección de Joseph Blatter como presidente del organismo. ¿Cuánto hay de mafia y cuánto de juego de niños en el deporte más popular del mundo?

© Istock

 

André Malraux se refirió al “extraño siglo de los deportes” para referirse a una época que organizó el entretenimiento a partir de competencias multitudinarias.

La industria deportiva es tan exitosa que permite ejercer el mal en nombre del bien. Con el sanitario pretexto de crear mentes sanas en cuerpos apolíneos, se ha convertido en una rama muy rentable del crimen organizado.

Una gran paradoja de las democracias occidentales es que permiten islas de impunidad al interior de sus sociedades y apoyan dictadores que fuman puros en nombre del deporte. Juan Antonio Samaranch estuvo 21 años al frente del Comité Olímpico Internacional; João Havelange, 24 años en la Fifa, y José Sulaimán más de treinta en el Consejo Mundial de Boxeo.

En comparación, Joseph Blatter es un aprendiz de patriarca. Apenas lleva 17 años en la Fifa. Autócrata perfecto, Samaranch encubrió su corrupción y solo se supo de sus desfalcos cuando se alejó de los aros olímpicos. En cambio, Blatter ha sido exhibido sin que modifique su intento de comercializar hasta la última brizna de césped.

Hace unas semanas, el ex futbolista Luís Figo desistió de contender contra él en las elecciones de la Fifa, señalando que no se puede hacer campaña contra una mafia.

La Fifa se describe como “organismo no lucrativo”. Esta disparatada autovaloración le permite mantener una opacidad fiscal digna de Al Capone. Cometer delitos no basta: hay que evadir impuestos.

La Fifa no vacila en violentar la legislación de los países donde interviene. En 2003 se prohibió la venta de alcohol en los estadios brasileños. Sin embargo, en el Mundial de 2014, Budweiser –patrocinadora oficial del cotejo– vendió cerveza (o el sucedáneo que lleva ese nombre).

La exigencia de remodelar estadios desata una cadena de intereses que lleva a delirios como el de Manaos. Quien pensara que la antigua ópera erigida en esa selva desafiaba el sentido común, aún tenía que ver el estadio mundialista donde no jugará ningún equipo de primera división y que se convertirá en un coliseo de las iguanas.

Y algo todavía peor: la Fifa concedió la sede del Mundial 2022 a Qatar. Cuando H...

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Juan Villoro

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