Google+ El Malpensante

Artículo

Manual práctico para sobornar a un policía en Colombia.

En tiempos de tanto alboroto por el nuevo Código de Policía, hemos optado por ser constructivos. Por eso, ponemos a disposición del público este breve instructivo elaborado por un artista taiwanés durante una residencia en nuestro país. A partir de un juicioso examen de la idiosincrasia colombiana, el libro del que ha sido tomado este fragmento explica cómo ayudarnos unos a otros cuando la mirada de la fuerza pública nos halle en pecado.

©Ilustraciones por Felipe Rodriguez

 

1.

Identificar a un policía.

>Antes que nada, usted debe saber que cualquier policía puede detener su vehículo, pero solo un policía de tránsito puede ponerle una multa. Es posible que algunos civiles usen uniformes falsos (o reales) para hacerse pasar por agentes de la ley y aprovecharse de gente inocente. Por ello, es muy importante aprender a reconocer los rasgos distintivos de un policía de tránsito real. Estos siempre manejan un vehículo oficial de la Policía y no uno particular. (Ver figuras 1, 2 y 3)

Fig. 1

 

2.

Encuentro con la policía e infracciones. 

>Un policía de tránsito está habilitado para detenerlo si considera que usted ha cometido una infracción –sea cierto esto último o no–. El policía también podrá solicitarle la realización de una prueba de alcoholemia o la inspección de su vehículo. No lo pierda de vista mientras lo hace. Al comienzo, la conversación suele ser formal e incluye la verificación de su documento de identidad, licencia y papeles del vehículo. El oficial de policía también le informará cuál fue su infracción.

La ausencia de alguno de los siguientes documentos se considera una infracción:

a. Licencia de conducción / b. Documentos de propiedad del vehículo / c. soat (seguro obligatorio contra accidentes de tránsito) / d. Revisión técnico-mecánica.

 

Fig.2

Infracciones de tránsito más comunes:

1. Estacionarse en una zona prohibida / 2. Olvidar la licencia de conducción / 3. Documentación vencida /4. Manejar bajo los efectos del alcohol  / 5. Manejar mientras se está hablando por celular / 6. No detenerse cuando un policía se lo indica / 7. Manejar sin cinturón de seguridad / 8. Manejar durante horarios de restricción (“pico y placa”) / 9. Manejar de manera imprudente.

 

Nota:

Si su automóvil se queda sin combustible, ¡nunca se lo haga saber al oficial de policía! Le pondrán una multa muy costosa. En este caso, es mejor abrir el capó del vehículo y simular que el problema es de caracter eléctrico.

Si olvidó su licencia de conducción, tiene una hora para ir a recogerla.

Si estaba manejando en estado de ebriedad, puede perder su licencia de conducción de uno a diez años.

En varias ciudades de Colombia hay restricciones que le impiden manejar su automovil o moto ciertos días o a ciertas horas del día, según los números de placa de su vehículo.

Es muy poco probable que lo multen mientras llueve. Colombia no tiene estaciones, por lo que es común que llueva en cualquier momento del año.

Fig.3

 

 

 

  3.

¿Cómo saber si un policía prefiere recibir un soborno en vez de ponerle una multa? 

>La mayoría de policías de tránsito prefieren hacer lo primero que lo segundo. Sin embargo, aquí hay una guía para confirmar rápidamente la intención del agente público:

 

a. Tarda una eternidad para redactar la multa, cosa que solo debería tomarle dos minutos.

b. Utiliza palabras y frases ambiguas en su discurso, como “colaborar” y “ayudarse el uno al otro”; afirma que existen “mil maneras de solucionar el problema”, o suelta palabras como un “punto” o una “luca” (ambas representan mil pesos). 

c. Dice tener hambre, sed, o que a su moto le falta gasolina.

d. Elogia al conductor mientras le sugiere que “hay formas diferentes de resolver el problema”.

e. Amenaza con llamar una grúa sin importar el tipo de infracción que se ha cometido.

Nota:

En Bogotá es muy difícil recuperar en buen estado un carro que ha sido llevado a los patios por una grúa. Es muy probable que el carro presente abolladuras, rayones, o que pierda algunas partes durante el proceso.

 

4.

Negociación

> Como ya se habrá dado cuenta, el uso del doble sentido y el lenguaje ambiguo es esencial a la hora de sobornar. A continuación representamos algunas situaciones y diálogos que ilustran varias fórmulas usadas y reconocidas tanto por conductores, como por la comunidad de agentes de tránsito.

 

a. Usted iba manejando por encima del límite de velocidad porque va tarde a una reunión con la familia de su novia.

    CONDUCTOR: “Lo siento, no me había dado cuenta que iba a 50.000”.

 

b. Usted parquea en una zona prohibida porque está de afán.

    CONDUCTOR: “Solo fueron cinco minutos, pero podemos encontrar 20.000 formas de arreglar la situación”.

    POLICÍA: “Pienso que en realidad hay 40.000 formas de arreglarla”.

 

c. Usted olvidó que hoy tenía “pico y placa” y sacó su vehículo.

    CONDUCTOR: “Perdóneme, olvidé que hoy tenía pico y placa”.

    POLICÍA: “Le creo, ¿por qué no me ayuda con la gasolina?”

 

d. Usted hace un giro prohibido para ahorrar tiempo.

    Conductor: “Lo siento, no vi la señal, déjeme invitarlo a almorzar. Aunque creo que no podré acompañarlo”.

    POLICÍA: “¿De qué tipo de almuerzo estamos hablando? Yo solo como almuerzo ejecutivo”.

 

e. Un policía lo detiene sin ninguna razón aparente y le pide sus documentos. Desgraciadamente su soat está vencido.

    CONDUCTOR: “No traigo conmigo el nuevo seguro, pero sí tengo un papel morado para usted”.

 

 f. Usted adelantó un vehículo en zona de doble línea amarilla. Más adelante lo espera el policía.

    Conductor: “Déjeme ayudarle con veinte puntos para el tinto”.

g. Va usted hablando por celular mientras maneja y lo para un policía. Usted admite su error.

    POLICÍA: “Usted admitió su error, es una persona honesta, encontremos otra forma de arreglar esta situación”.

    CONDUCTOR: “Gracias, señor agente, déjeme le doy para la gaseosa”.

 

nota del editor:Papel morado hace referencia al billete de 20.000 pesos.

 

5.

Entregándole el dinero al policía 
(ver figuras 4, 5 y 6)


Fig. 4


 

Fig. 5

 

 

Fig. 6

 

Nota:

El método que enseña la figura 6 es el más seguro.

 

6.

Cómo salir de la situación y algunas notas de seguridad

 

> Usted ya casi está del otro lado, pero antes de abandonar el lugar, recuerde:

 

a. Revisar que el policía le devuelva sus documentos.

b. Si el policía registró su vehículo, asegúrese de que todo esté en su lugar.

c. Si usted fue sorprendido en una situación que le pueda ocasionar una nueva multa si reanuda la marcha de inmediato, como por ejemplo conducir ebrio o durante horas de restricción, mejor asegúrese de llamar a alguien para que lo recoja o espere hasta el momento en que se termine el tiempo de restricción.

 

Historias de soborno

A continuación presentamos varios relatos verídicos de encuentros entre conductores y agentes de tránsito. Como lo notará el lector atento, la mayoría de historias son contadas por los hijos, sobrinos o nietos de los infractores. Se han omitido los nombres para proteger a los testigos.

 

> A

En un pueblo del Caribe colombiano hay cierto puesto de control de la policía. Un día, un hombre iba con su hijo, cuando fueron detenidos en el retén. Como la mayoría de quienes pasaban por ahí, habían excedido el límite de velocidad de la zona, y el agente de policía estaba decidido a ponerles un comparendo. El conductor del vehículo, reconociendo su error, le preguntó al agente si “no existía la posibilidad de que ambos se ayudaran”, que “él iba de viaje con su hijo” y “era una pena que el viaje se dañara por un malentendido”. Después de unos minutos, el agente le dijo al conductor que podría pasar por alto aquella infracción si le compraba una botella de agua en la tienda cercana, apenas a cien metros del puesto de control. “Dígale que es pa’l agente” . Muy contento, el conductor aceptó y se encaminó a la tienda. Allí pidió la botella de agua como había indicado el policía, y el tendero se la alcanzó diciéndole que costaba 80.000 pesos. En ese momento el conductor, sorprendido, le preguntó al tendero por qué era tan cara, y el tendero le respondió: “Eso es lo que cuesta una botella de agua pa’l agente”.

 

> B

En la vía que va a Tuchín, departamento de Córdoba, hay una recta en la que la gente normalmente excede el límite de velocidad. Un hombre que iba por allí con su familia fue detenido por ir a más de 120 kilómetros por hora. El conductor le dijo a la policía que no se había percatado de que iba conduciendo a tal velocidad debido al buen estado de la vía, que era un día soleado, y por esa zona no transitaban muchos carros. Los policías le contestaron que eran conscientes de eso, pero que en la zona era muy peligroso transitar a alta velocidad debido a los animales que deambulaban sueltos por la vía y que podían causar un accidente fatal. El conductor les pidió a los policías que no le dañaran el paseo, que él los invitaba a cada uno a almorzar pero que él no podría acompañarlos. Ellos contestaron: “¿El almuerzo es ejecutivo o es corrientazo? Porque ahí donde nos ve nosotros solo almorzamos ejecutivo”. Luego de esto el conductor les dio 30.000 pesos escondidos entre sus papeles y siguió su recorrido sin haber sido multado. También fue mucho más precavido con la velocidad a la que iba conduciendo y con cualquier otro animal que se le pudiera cruzar en el camino.

> C

Hace varios años mi abuelo vivía en Facatativá, Cundinamarca, y a veces iba hasta Madrid a comprar alguna cosa. Para llegar a la tienda que frecuentaba tenía dos opciones: dar una vuelta gigante o meterse en contravía media cuadra; él solía optar por lo segundo. En cierta ocasión en que lo acompañaba, mi abuelo se metió en contravía y antes de salir al otro lado nos encontramos con un policía de tránsito. El oficial nos detuvo pero, al ver a mi abuelo y notar que se trataba de un señor de bastante edad, nos dijo que no nos pondría una multa si al devolvernos le traíamos un pollo rostizado. Mi abuelo aceptó. Fuimos a comprar las cosas que habíamos ido a buscar y además el pollo del policía. Cuando nos lo entregaron, mi abuelo lo bañó en salsa de ají. De vuelta, le entregamos el pollo al policía y nos fuimos de ahí lo más rápido posible.

 

>D

Hace tres años, mi tío viajaba a Moniquirá en su carro sin llevar papeles. En el camino, un policía lo detuvo y tuvo que pagarle 30.000 pesos para que lo dejara seguir. Unos kilómetros más adelante, mi tío se encontró con un nuevo retén y otro oficial lo detuvo, así que desembolsó otros 30.000 pesos para que no le quitaran el carro. Media hora y unos kilómetros después, un tercer policía lo paró. A este último también tuvo que pagarle 40.000 para que no le quitaran el carro. El viaje de vuelta lucía prometedor.

>D

Hace tres años, mi tío viajaba a Moniquirá en su carro sin llevar papeles. En el camino, un policía lo detuvo y tuvo que pagarle 30.000 pesos para que lo dejara seguir. Unos kilómetros más adelante, mi tío se encontró con un nuevo retén y otro oficial lo detuvo, así que desembolsó otros 30.000 pesos para que no le quitaran el carro. Media hora y unos kilómetros después, un tercer policía lo paró. A este último también tuvo que pagarle 40.000 para que no le quitaran el carro. El viaje de vuelta lucía prometedor.

 

> E

Salíamos de Cali y mi papá iba con las luces apagadas, sencillamente porque se le había olvidado prenderlas. Un policía nos detuvo y cuando vio el nombre de mi padre en la licencia le preguntó si por casualidad él trabajaba en el acueducto. Mi papá, extrañado, le dijo que sí. El agente se alejó del carro por un momento e hizo una llamada. Luego de colgar, el tipo le dijo a mi papá que hacía algún tiempo su hermano había trabajado en el acueducto y mi papá había sido su jefe. Ahora su hermano estaba desempleado. “Y entonces, ¿cómo vamos a arreglar las cosas?”, preguntó el policía. A la semana siguiente, el tal hermano se presentó en la oficina de mi papá, quien tuvo que contratarlo de nuevo para que el policía no tramitara la multa por no llevar luces en carretera.

 

>F

En cierta ocasión, mi tía salió con su carro durante el “pico y placa”. En medio de su recorrido, fue detenida por un oficial, quien le hizo caer en cuenta de que estaba infringiendo las normas de tránsito. Entonces, mi tía llamó a su esposo, un coronel de la Fuerza Aérea, el cual enseguida amenazó al agente con denunciarlo, supuestamente, por abusar de su autoridad y maltratar a su esposa. El pobre suboficial, al ver que tenía todas las de perder si se enfrentaba con un coronel, decidió olvidarse de la multa y en cambio escoltar a mi tía de regreso a su casa, para que ningún otro policía cometiera el error de detenerla.

 

>G

Iba a recoger un paquete en la portería de un edificio y parqueé en una zona prohibida. Al volver, un policía estaba de pie junto a la parte trasera del carro, haciendo la pantomima de tomar los datos de la matrícula, pero en realidad esperando a que yo saliera del edificio para ver qué provecho podía sacar. “Usted está en una zona de parqueo prohibido, voy a tener que ponerle una multa”, me dijo. A pesar de haber visto a mi padre pagar sobornos por lo menos una decena de veces, no supe qué responder. Estaba muy nervioso. “Esa multa le sale por unos 300.000, pesos muchacho”, dijo el policía, a lo cual, de nuevo, no respondí nada. “¿No se quiere ahorrar toda esa plata?”, me preguntó, tratando de dirigirme y ayudarme. Entonces reaccioné: “Claro, oficial, busquemos una forma de arreglar esto”. Busqué mi billetera, saqué 50.000 pesos (todo lo que tenía) y se los di impulsivamente. Él guardó su libreta y yo salí del problema. Al volver a casa quise contárselo a mi padre, porque quería que se sintiera orgulloso de mí. “¿Cuánto pagaste?”, me preguntó.  Cuando le dije respondió: “¡¿50.000?! Tremendo huevón”. Resultó que era demasiado por parquear en una zona prohibida. Lo normal era mucho menos. Lo aprendí en esa primera experiencia de soborno.

 

>H

Estaba celebrando con mi padre el cumpleaños de uno de sus amigos en un bar, en San José del Guaviare. Eran las dos de la mañana y decidimos ir a tomar caldo en la plaza. En el camino, nos encontramos un retén en el que suelen hacer requisas y pruebas de alcoholemia a todos los conductores. Mi padre quiso disimular el olor a trago sacando un billete. Lo hizo muy rápidamente,  ya que unos días atras había botado la licencia de conducción, y se quería evitar un soborno doble. El policía, sin saber que la paciencia hubiera resultado más lucrativa, nos dejó pasar.

 

* Este es un artículo satírico y no pretende propiciar ni justificar las conductas descritas.  

Página 1 de 4

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Yunyu "Ayo" Shih

Es historiador con una maestría en escultura de la School of The Art Institute of Chicago. Este libro es producto de la residencia artística que realizó en Colombia en 2015, Residencias Itinerantes, organizadas por el colectivo 4-18.

Marzo de 2017
Edición No.183

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Científicos burócratas


Por David Graeber


Publicado en la edición

No. 151



Los centros de investigación en ciencia y tecnología han copiado en mala medida los vicios del mundo corporativo. El resultado es que el quehacer de la actividad científica transc [...]

Elogio del menosprecio


Por Christy Wampole


Publicado en la edición

No. 153



Comentarios exaltados, tuits furiosos, alaridos digitales. Vivimos en tiempos de indignación masiva. Sin embargo, aparte de amargarnos la vida, generalmente no cambiamos nada. ¿Existe al [...]

Vampiros en Cartagena


Por Luis Ospina


Publicado en la edición

No. 101



¿Qué puede salir del encuentro entre tres cinéfilos reunidos para hablar de lo que más les gusta? Esta desempolvada entrevista puede ofrecer una respuesta. [...]

Columnas

La comba del palo

El control del comercio sexual

En uso de razón

¿Qué hay de nuevo en WikiLeaks?

Paseos citadinos

Paseo cartagenero por una Manga sin mangos

El arte del trapecio

Razones y tradiciones

No lo veo claro

Mary Roach y sus cadáveres fascinantes