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Reseñas

Cien años de soledad

El Amadís en América

Con apenas 31 años, el futuro Nobel peruano escribió este ensayo sobre la famosa novela de su entonces amigo, García Márquez. En él se revela como un penetrante crítico y nos da su visión de la soledad en Macondo, metáfora de América Latina.

Ilustración de Pathosformel

 

La aparición de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, constituye un acontecimiento literario de excepción: con su presencia luciferina, esta novela, que tiene el mérito poco común de ser simultáneamente tradicional y moderna, americana y universal, volatiliza las lúgubres afirmaciones según las cuales la novela es un género agotado y en proceso de extinción. Además de escribir un libro admirable, García Márquez –sin proponérselo, acaso sin saberlo– ha conseguido restaurar una filiación narrativa interrumpida hace siglos; resucitar la noción ancha, generosa y magnífica del realismo literario que tuvieron los fundadores del género novelístico en la Edad Media. Gracias a Cien años de soledad, se consolida más firmemente el prestigio alcanzado por la novela americana en los últimos años, y esta asciende todavía a una cima más alta.

 

 Un colombiano trotamundos

¿Quién es el autor de esta hazaña? Un colombiano de 39 años, nacido en Aracataca, un pueblecito de la costa que conoció a principios de siglo la fiebre, el auge del banano, y luego el derrumbe económico, el éxodo de sus habitantes, la muerte lenta y sofocante de las aldeas del trópico. De niño, García Márquez escuchó, de labios de su abuela, las leyendas, las fábulas, las prestigiosas mentiras con que la imaginación popular evocaba el antiguo esplendor de la región, y revivió junto a su abuelo, un veterano de las guerras civiles, los episodios más explosivos de la violencia colombiana. El abuelo murió cuando él tenía ocho años. “Desde entonces no me ha pasado nada interesante”, declaró hace poco a un periodista. Le ocurrieron muchas cosas, sin embargo: fue periodista en Bogotá y, en 1954, El Espectador lo envió a Italia a cubrir la muerte de Pío XII; como esta defunción demoró varios años, se las arregló entre tanto para estudiar cine en Roma y viajar por toda Europa. Un día quedó varado en París, sin trabajo y sin dinero; allí, en un pequeño hotel del Barrio Latino, donde vivía de fi...

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