- Para que el cerebro de un idiota se ponga en movimiento, tienen que ocurrirle muchas cosas y muy crueles. - Durante los funerales pomposos, la gente está muy triste también, pero no por ello dejan de pensar en la herencia, en las próximas vacaciones, en la viuda, que es muy mona y tiene temperamento, según dicen. - ¡Al paredón los salsifíes sin habla! ¡Los limones sin jugo! ¡Los lectores inocentes!”

Publicado por Louis-Ferdinand Céline en su novela "Viaje al fin de la noche"