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El Malpensante

Iceberg

Gracias por la visita, pero chaíto

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La mayoría de los integrantes de la redacción de esta revista vamos a pasar de agache durante el congreso de la lengua española, esa apoteosis de la corrección lingüística que se nos ha venido encima a la manera de una galicada avalancha. La verdad es que (sic) no nos llama mucho la atención salir en defensa de la virginidad de la lengua española, presunta señorita, pues dicha virginidad no es en últimas más que un continuo remendar de virgos, según el astuto procedimiento que aconsejaba la madre Celestina a sus amigas de vida alegre a la hora de sentar cabeza y levantar marido. El consejo iba más o menos así: ejerce de puta todo lo que quieras, pero a la hora de presentarte en sociedad ponte camisas de mucho puño y mucho cuello, agárrate las mechas en un moño y cuando te toque pasar la primera noche con tu ingenuo cachorrito, finge dolor. Luego, don’t worry y regresa a las andanzas que más te gusten, sólo que ahora llevarás marido a bordo.

El Malpensante es una revista literaria a la que le interesa visitar, saquear y dar a conocer las canteras en las que se produce la buena literatura. Nos guía desde el inicio una conclusión, a la que no llegamos de primeros dado que es detectable en cualquier historia sensata del arte en cuestión: que el idioma que sirve para escribir literatura nunca ha sido el de las monjitas ni el de los prefectos de disciplina. Antes al contrario, el literato es un animal de mañas barriobajeras, pues en materia estética suele ser extremista, o sea, alguien que busca arrancarle expresividad extrema a su discurso sin parar mientes (expresión muy condenada en tiempos del padre Feijoo) en las reglas que confeccionan los psicorrígidos académicos. Demos un ejemplo, entre miles posibles. Al final del capítulo LX (60) de nuestra decimonónica María, viene el siguiente trozo: “Algo como la hoja fría de un puñal penetró en mi cerebro: faltó a mis ojos luz y a mi pecho aire. Era la muerte que me hería... Ella, tan cruel e implacable, ¿por qué no supo herir?”. El lector sensible y desprejuiciado dirá: ¡qué bello!, mientras que el policía exclamará: sí, pero ¡hay ahí un “qué” galicado! En efecto, lo hay, y ¿qué diablos importa ese “qué” galicado?
 
Toda esta invasión de gramáticos caprichosos viene acompañada de un aire de sainete, pu...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

Marzo de 2007
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Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

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